El Libro Tibetano de los Muertos y los entierros aéreos

Entierro en el cielo (12)

Leí el “Libro tibetano de los muertos” en una de esas embrionarias y polvorientas carreteras del Tibet que te tienen 10 horas atrapada en el autobús de línea, dando brincos a lo túrmix, sin cortinas para el sol cegador, calefacción o ventilación, asignada en los asientos del fondo que son siempre los peores, al lado del cubo escupidera.  Y es que las carreteras de Tibet son de las peores y los autobuses de los que se rompen y allí te quedas. Búscate la vida. Una vez más perdida, sin saber dónde estás y sin nadie que te lo diga. Esto es China: nunca llegas donde crees que tienes que llegar, tenlo claro.

Shangri-la (1)

Pero el libro tiene algo especial, que te intriga, que te hace no perder el hilo aunque te retuerzas, brinques o botes. Es una guía para los y las muertos que describe el camino y periodo final, lo que en él se siente o se ve, y asesora para alcanzar la iluminación, si es que te toca, o en su defecto la reencarnación. Todo depende del karma.

Para el budismo tibetano, como para otras creencias o religiones, la muerte no es un instante sino un tránsito, que en este caso dura 49 días, periodo al que denominan “bardo”. Si en el bardo no se encuentra la luz, se renace en el perpetuo ciclo de la reencarnación.

Del “Bardo Thodol” o “Libro tibetano de los muertos”, traducido más correctamente como “La Gran liberación en el Bardo por medio de la escucha” se dice que fue escrito por el legendario Padma Sambhava en el S.VIII. Éste tipo liberó al Tibet de los demonios que lo acechaban con sequías, convirtiéndolos en protectores del budismo. Nada de matanzas sangrientas, solo milagros, profecías…

Además de escribir el mítico libro, Sambhava fue el precursor del budismo en el Tibet. Pero cuando finalizó el libro parece ser que le dio rollo. Pensó que el pueblo tibetano no estaba preparado aún para sus enseñanzas y podía ser peligroso en manos de según quien, así que lo dejo ocultó en una cueva hasta que en el S. XIV llegó Karma Lingpa que, siguiendo la profecía, lo encontró y difundió. A occidente llegaría mucho más tarde, en 1927, de manos del antropólogo y viajero Walter Evans-Wentz.

Este libro se lee cuando la persona muere para guiarle en su proceso y es una parte importante de la ceremonia del funeral tibetano conocido comúnmente como “entierro en el cielo o celestial”. El pueblo tibetano no sepulta ni incinera a sus difuntos/as, a excepción de las mujeres embarazadas, menores de 18 años y personas fallecidas por alguna enfermedad infecciosa. Los cuerpos son entregados a los buitres o “daikinis” en las cimas de las montañas para su alimento. Es sin duda un acto de generosidad con el mundo y resto de seres vivos, perpetuando el ciclo de la vida, además de una manera indudable de llegar propiamente al cielo. China prohibió su práctica durante la “Revolución Cultural”, desde 1960 hasta 1980, que, paradojas de la vida, parece ser para el pueblo tibetano tuvo poco de “revolución” o de “cultural”.

Bylakuppe (38)

Cuando llegué a Tibet no creí que pudiera llegar a ver un funeral celestial. Todo el mundo me decía que si era difícil de encontrar, que era muy especial, que casi no se practicaba, que si patatín, que si patatán… así que en cierta manera ya me había desesperanzado y lo daba casi por imposible. Pero parece ser que nada es imposible.

Llegué a Litang, uno de los pueblos más altos del mundo a más de 4.000 metros de altitud, conocido por su fuerte oposición al régimen chino. Allí seguro que hacían entierros en el cielo entre la rebelión y la altura, así que pregunté otra vez por el dichoso funeral. “Hoy no hay pero mañana por la mañana al amanecer podrás verlo”. No me lo podía creer. Era un regalo a mi tenacidad.

Litang (34)

Litang, lugar de nacimiento del 7º y 10º Dalai Lama, es hoy en día es un centro de actividades secesionistas tibetanas. Vaya tú por dónde allí, sede histórica de Lamas, las fotos del Dalai Lama son técnicamente ilegales, aunque por suerte las hay por doquier. En 2008 se prohibió su festival hípico anual, que viene a ser algo así como las fiestas patronales, por temor a que se liara parda con la ristra de disturbios tibetanos acontecidos durante los Juegos Olímpicos de Beijing. En el pueblo y en la zona existe una fuerte presencia militar o lo que es lo mismo “Cuidado, ssshhh, policía” como bien me contó el tibetano “Sol Larga Vida” que estuvo 6 meses en la cárcel por marchar a ver al Dalai Lama en la India.

Los funerales se realizan en una colina cercana a la población rodeada de pastos y yaks. Llegamos antes del amanecer y vimos a un grupo de hombres delante de una gran hoguera. Saludamos correctamente y nos saludaron sin más. Hacía mucho frío por lo que caminamos un rato más con las linternas en la oscuridad simplemente por no parar y sin saber muy bien a dónde ir. Un coche alumbraba en la colina lo que parecía un bulto. Uno de los tibetanos se acercó para decirnos que no dirigiéramos hacia allí. Estaba claro: aquel bulto era el muerto.

Entierro en el cielo (4)

Entierro en el cielo (16)

Visto lo visto, mejor quietecitas, así que nos sentamos en la colina más alejada mientras colocaban una ristra de banderas tibetanas. Ya al amanecer y hechas un ovillo, nos dijeron que nos acercáramos con ellos a la fogata para entrar en calor. Otro coche entro en escena con lo que parecía ser otro cuerpo y sus familiares montaron otra gran hoguera. Eran también todo hombres.

Buitre-4

Con los rayos de luz aparecería el “rogyapas” o rompehuesos y con él llegaron también decenas de buitres cual flautista de Hamelin. Era un hombre mayor y de gran tamaño y los enormes bicharracos le seguían allá donde iba. Uno de los tibetanos nos explicó mediante señas que era el encargado de cortar la carne y picar los huesos para que fuesen rápidamente devorados por los buitres. Con su llegada, la escena fue anegada por un halo especial, que sin duda su mera presencia desprendía y extrañamente era algo así como un bálsamo de paz.

Saludó al grupo con una agradable sonrisa, bebió un poco de agua caliente de la tetera de la fogata y se dispuso a prepararse. Se puso un gran plástico alrededor del cuerpo, unos manguitos negros y subió hacia el bulto de la colina, custodiado constantemente por uno de los familiares. En ese momento 3 o 4 hombres sacaron de los coches unas hachas recogidas en plásticos y marcharon hacia la misma colina. Sin duda el funeral iba a comenzar.

Entierro en el cielo (1)

Cuando una persona del Tibet muere, el cuerpo se mantiene sentado durante 24 horas, mientras un monje o lama recita los pasajes o bardos de “El Libro Tibetano de los Muertos”. El libro se divide en tres bardos o momentos que cuentan y guían de este modo en lo que acontece:

“Oh, amigo, el tiempo se acerca hacia ti para buscarte nuevos planos de realidad. Tu ego y tu nombre se encuentran en el juego final. Estas situándote delante de la Luz Clara… Lo que se llama muerte del ego está llegando hacia ti. Recuerda: esta es la hora de la muerte y renacimiento. Aprovecha esta muerte temporal para obtener el perfecto estado, ilumínate. Concéntrate en la unidad de todos los seres vivientes, mantente sobre la Luz Clara, úsalo para alcanzar el entendimiento y el amor… Recuerda, las alucinaciones que puedes experimentar ahora, las visiones e introspecciones, te enseñarán mucho sobre ti mismo y el mundo. El velo de la rutinaria percepción será cambiado en tus ojos. Recuerda la unidad de todos los seres vivos… Déjate guiar a través de tu nueva vida que viene. Déjate guiar a través de las visiones de esta experiencia. Si te sientes confuso, invoca la memoria de tus amigos y de tus maestros…”

”Recuerda: ahora vas a experimentar tres Bardos, tres estados de la pérdida del yo. Primero aparece la clara luz de la realidad. Vienen luego los juegos de alucinaciones fantásticamente variados. Más adelante encontrarás el estado de reentrada, de volver a tener un yo. Oh, amigo. Puede ser que tu experiencia sea de trascendencia del yo, la salida de tu antiguo propio yo. Pero tú no eres el único, a todos les llega alguna vez. Eres afortunado al tener esta experiencia de renacimiento que se te presenta. No te apegues con esa debilidad a tu viejo Yo. Incluso si te apegas a tu mente, ya has perdido el poder mantenerla. Por la lucha no podrás conseguir nada en este mundo alucinatorio. No te apegues. No seas débil. Cualquiera que sea el miedo o terror que te embargue no olvides estas palabras. Introduce su significado en tu corazón, sigue adelante, aquí mismo está el secreto vital del conocimiento.”

Tres días después es llevado a una colina para el funeral celestial, entregar su cuerpo al ciclo de la vida y ofrecerlo compasivamente a otros animales. Su cadáver desnudo es preparado enrollado en un fardo con pies y manos atadas atrás.

Ampli entierro en el cielo (1)

El “rogyapas” desató el fardo rodeado de algunos de los familiares y procedió a cortar la carne para la “jhator”. La preparación del cadáver duró unos 10 minutos. Todos los presentes miramos en la distancia. No hubo lágrimas, no fue violento, tan solo se miró el cuerpo como un contenedor vacío y la muerte como una transformación y no como un final. Oí recitar incansablemente a uno de los señores el mantra “Oh mani padme hum” que significa algo así tal que así ”en tu camino, puedes transformar tu cuerpo, voz o mente al de un Buda.”

Los enormes buitres acorralaban la escena mientras los familiares se encargaban de frenar a los más impetuosos agitando las largas mangas de sus chaquetas tibetanas. Una vez preparado el cuerpo, simplemente se separaron de él y los buitres lo cubrieron. Otros diez minutos.

Ampli entierro en el cielo (4)

En ese periodo el “rogyapas” marchó a preparar el otro cuerpo que esperaba a unos 20 metros, de modo que los buitres alternaban el uno y con el otro. Cuando el segundo estuvo preparado y fue cubierto por las rapaces, marchó a picar los huesos abandonados del primero diez minutos más, momento en el que los buitres abandonaron el esqueleto del segundo y él acudió a hacer lo propio. Mezcló los huesos con una pasta llamada “tsampa” que había preparado al amanecer uno de los familiares con ingredientes como azúcar, harina, leche, mantequilla de yak…  Cuando acabó el funeral no quedó ni rastro, todo había sido engullido y enviado al cielo.

Terminó la ceremonia y los familiares habían preparado un círculo en el suelo con comida, pan y bebida para todos/as. Nos invitaron sentarnos y a comer con ellos. No se empezó ritualmente hasta que el “rogyapas” bajó otra vez a escena. Empezó él y todos le seguimos. Le dieron una bolsa con dinero por los favores prestados que simplemente guardó sin mirar.

Entierro en el cielo R (9)

Otro coche llegó con lo que parecía ser otro funeral. Ya iban tres. El “rogyapas” marchó y la comida término tan rápido como comenpezó. Nos dispusimos a recoger el tenderete, era sencillo: la comida se amontonaba para los animales de alrededor como buitres, roedores, perros o yaks. Nada se llevaba o se tiraba, era otra obra de generosidad.

En la mayoría del Tíbet el suelo es rocoso, lo que dificulta cavar las tumbas, además de que el Tibet se encuentra por encima de la línea de los árboles por lo que la madera escasea y la cremación budista económicamente inviable. Este método parece estar en perfecta armonía con el medio y religión.

Entierro en el cielo (14)

Todos y todas hemos de morir un día. Eso nadie lo duda. Y quizá lleguemos a esos desconocidos bardos que narra el libro tibetano. Me gusta eso de ver la muerte sin dramas, simplemente como un proceso más en el ciclo de la existencia y no como el final de no sé muy bien qué. De hecho nada parece tener fin en el desconocido Universo. Y no se acaba el mundo muera quien muera.

A veces los seres humanos nos damos demasiada importancia. En el mundo hay demasiados seres que nacen y mueren a cada instante sin parecer importarle a nadie. Igual no somos tan diferentes a ellos ¿por qué habríamos de serlo? ¿solo por qué nos apodamos a nosotros mismos “sapiens sapiens”?

Y me encanta la idea del karma. Valorar la idea del bien, aprender de los errores sin olvidarlos sin más y dibujarlo como único camino. Esta sí que es buena. Quizá la vida eterna que tanto se ansía sea diferente a lo imaginado y esté escrita en otro código invisible a nuestros ojos, ininteligible a nuestra mente. Quizá en otra dimensión el bien gane sobre el mal de serie, como en las películas de ciencia ficción.

No sabemos apenas nada de la existencia, de la vida o de la muerte. Por mucho que le demos vueltas, no sé cuantos “sapiens” hace falta llevar a cuestas para comprender el baile del Universo. Pero sí podemos cerrar los ojos, ver la luz en la oscuridad y dejar que nos guíe, fuera y dentro de nosotros/as, andemos o no perdidos/as, en la China o en nuestro camino. Así que, en la vida como en la muerte, simplemente, busquemos la luz y vayamos hacia ella.

Entierro en el cielo (8)

Anuncios

Una respuesta a “El Libro Tibetano de los Muertos y los entierros aéreos

¿Quieres dejarme un comentario? ¡Gracias!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s