Komodo: dragones, princesas y el vuelo de las mariposas

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Mi yo de Oriente es Dragón. Nací bajo el signo del Dragón de Fuego aunque durante décadas me fuese desconocido. Símbolo de lucha, devorador a la vez que guardián, encarna el principio o el fin de cualquier orden universal, custodia hasta la muerte lo sagrado y los caminos que llevan a otro lado.

Ubud (10)

Mi yo de Oriente es una Princesa. En una carretera indefinida, una niña indonesia me miraba maravillada preguntándose si era yo una princesa. Bien es sabido que hay condiciones que solo los ojos de los/as niños/as pueden ver. Lo consultó con la adulta de turno y esta le negó la mayor, supongo cegada por la razón. La señora me contó lo sucedido entre risas, sin reparar en lo que realmente decía y continuó con sus quehaceres cotidianos. Sin dudarlo, no quise mentirle, miré a la niña, le sonreí y le dije secretamente que sí lo era.

Tana Toraja (1)

Mi yo de Oriente es una Princesa Dragón. Porque hay princesas y princesas. En Indonesia me soñé vestida de princesa e invitada a una gran fiesta. Se me esperaba en la Sala de los Dragones y llegué acompañada de la mismísima Madre de los Dragones, como una verdadera princesa naga de leyenda. Los poderosos dragones y las mágicas princesas habitaban ya en mi mundo submarino.

Hay lugares que te conceden señales, mágicamente todo lo conectan y en un plis plas algo cobra sentido. Quizá Indonesia y Komodo despertaron en mí la conciencia de la Princesa Dragón que me aguarda, como aquellas de las leyendas.

Komodo (9)“Hace mucho tiempo atrás habitó en las islas de Komodo una Princesa Dragón o Putri Naga. La mágica princesa se casó con un joven llamado Najo y de su relación nacieron dos mellizos: un niño humano al que llamó Si Gerong y una niña dragón a la que llamó Orah. La princesa decidió dejar a la pequeña dragón Orah en el bosque, ocultándole a todos/as su existencia.

Años más tarde el joven Si Gerong se encontraba persiguiendo a un ciervo cuando un gran dragón se cruzó en su camino y decidió darle caza. Rápidamente Si Gerong montó su arco y cuando se disponía a disparar la flecha, apareció la Princesa Naga y le detuvo: “No mates a tu hermana Orah, yo os traje al mundo juntos, considérale igual a ti, ya que vuestras almas son gemelas”. Así es como  las gentes de Komodo explican la llegada de los dragones a su isla y el porqué de su pacífica convivencia y respeto.

Creo conocer desde chica la existencia de los dragones de Komodo. Nunca me han sido ajenos semejantes lagartos ancestrales de lenguas viperinas y quizá desde siempre supe que algún día tarde o temprano llegaría allí para verlos. Prehistóricos animales, evolucionaron a partir de los grandes reptiles de género Varanus que caminaron sobre el planeta hace más de 200 millones de años, descendientes directos de los dinosaurios. Ver las remotas, desérticas y amarillentas islas que los rodean es imaginarte en los albores de la Tierra primigenia.

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Durante muchos años Occidente creyó que el Dragón de Komodo era una criatura mítica de leyenda, como ocurre ahora con el Yeti. Westerns. Los/as nativos/as sí lo conocían y lo llamaban “orah” o “buaja darat”. Pero 1.911 un piloto se estrelló en aguas de Indonesia y aseguró haber visto lagartos gigantes paseando en las costas de una isla, así que al año siguiente y a lo Cuarto Milenio, una expedición de científicos crédulos marchó allí para confirmar la existencia de este saurio y obtener la fama mundial.

El Parque Nacional de Komodo se encuentra lejos de todo, como no podría ser de otra manera. Llegar me llevaría 30 horas de viaje, en los que cruzar Sumbawa y sus estrechos para llegar a Labuanbajo, al oeste de la isla de Flores. Ya allí las barcas de pescadores recorren sus turbulentas aguas azules durante 3 horas para llegar a Komodo y otras 2 horas para llegar a Rinca, las dos grandes islas que conforman el arcaico archipiélago.

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Lugar especial debido al choque de las placas tectónicas euroasiática e indoaustraliana bajo sus mares, Komodo es una de las 7 maravillas de la Naturaleza. Sus primitivos lagartos están considerados como los más grandes de mundo pudiendo alcanzar los 3 metros y 100 kilos. Como dragones que son, son superdepredadores y uno de los animales más agresivos que se conocen, por su tamaño, su rapidez y su fuerza descomunal.

En 1.974, el Barón Rudolph Von Reding, un suizo que se encontraba en la isla de Komodo haciendo fotos a estos reptiles, desapareció del grupo sin dejar rastro. Se ve que se ensimismó demasiado y acabó devorado. De él sólo encontraron las gafas, un sombrero y claro está, la desdichada cámara de fotos. Hoy en día una cruz señala el lugar advirtiéndonos a los “tourist” del peligro que acecha. Los cientos de ciervos que viven en la isla andan señalados de mordeduras o zarpazos de dragón, mientras otros tantos también acaban siendo zampados.

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Decenas de islas desérticas envuelven las grandes Rinca y Komodo. A mí sus contornos  me asemejaban extraordinariamente a enormes dragones recostados en el mar, sigilosos y vigilantes. Sin duda aquellos primitivos lagartos no podían haber encontrado un entorno más apropiado para preservarse de la historia y del paso del tiempo.

Sus colinas dibujan sus siluetas, sus desérticos colores maquillan sus pieles reptilianas, sus valles trazan sus garras, sus costas alargadas bosquejan sus enormes y vigorosas colas… Como guardianes de lo poderoso, cientos de islas dragones custodian este lugar especial.

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Extrañas islas rodeadas de extraordinarios mares turquesa que aguardan en sus fondos marinos secretos impredecibles medio asiáticos o medio australianos. Sumergida en sus poderosas aguas vi mantas, peces globo, todo tipo de peces tropicales discotequeros, estrellas, corales grandes y chicos, esponjas, gusanos… un tesoro submarino solo accesible a los/as más osados/as.

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Dibujo Malasia - Mar

De los dragones os cuento que poseen una potente y babosa boca serrada con una lengua bífida de la que se especula puede ser venenosa. Usan la lengua para oler, detectar sabores y percibir estímulos. Con su hábito de balancear la cabeza de un lado al otro al andar son capaces de detectar la carroña a kilómetros de distancia. Y son más rápidos de lo que inicialmente parecen, a una velocidad de 20 km/h son más raudos sin duda que la mayoría de autocares indonesios.

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El Dragón de Komodo figura en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. Estos varanos de adultos no tienen depredadores y aunque viven alrededor de unos 50 años, muchas de las crías de dragón son devoradas por sus propios congéneres.

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Curiosamente las hembras dragones son capaces de poner huevos viables sin fertilización externa del macho en un proceso que se llama partenogénesis y del que solo se engendrarán dragones machos. Así ellas se aseguran la progenie y más machos para fertilizar.

Para que los huevos se desarrollen como hembras, es necesaria la fertilización externa a través del doble pene del macho, conocido jocosamente como “pene de doble punta”. Las hembras ponen una media de 20 huevos una vez al año en madrigueras excavadas junto a las colinas, que cubrirán con tierra y hojas secas y donde incubarán durante 7 u 8 meses. Una vez nacen, simplemente los abandonan.

Salir del huevo, como bien es sabido, es un esfuerzo agotador también para los dragones, que rompen el caparazón por medio de un “diente de huevo” que les cae poco después de nacer, como al humano los de leche.

De camino a las islas de Komodo hay tiempo para ensimismarse con el mar, para descubrir delfines danzantes, peces voladores o tortugas flotantes, para fascinarse con las transiciones de los matices marinos y sus gamas de colores, para sorprenderse con sus visibles fondos coralinos o con la fuerza oscura y densidad de algunas de sus corrientes y remolinos.

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Y no solo eso, solo accesible a los ojos de los más pequeños y de las princesas, tienes tiempo para sorprenderte con el vuelo de las mariposas en medio del mar. A kilómetros de la costa, allá por el infinito, encuentras chiquitas mariposas blancas planeando a ras del agua, como si quisieran vislumbrar también el fondo de lo submarino. Tan pequeñas y delicadas y qué osadas. Juegan con las olas, saltan, vuelan, exploran, viajan de una isla a otra, valientes traspasan fronteras sin dejar de aletear un segundo, sin perder el rumbo, sin descanso alguno.

Nadie diría que este mínimo ser vivo es capaz de ser tan enérgico y valeroso para aletear durante tantos kilómetros en la espesura del bravo mar de Komodo, donde tantos han perecido, de una isla a otra, raudas, desafiando las olas y los vientos, las corrientes y remolinos, los peligros, cruzando el vasto océano y demostrando que en el mundo de los enormes dragones, las pequeñas mariposas también son igual de poderosas.

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