Los Ibaloi, la eternidad y las momias de Kabayan

Kabayan (100)Hay espacios e historias que se esconden, que permanecen siglos furtivos a nuestros ojos, sin querer ser vistos y quizá es solo por eso por lo que aún existen. Como Machu Picchu en Perú, que permaneció oculto 500 años, invisible a los colonos españoles que arrasaban con cualquier lugar inca que les fuera al paso. Qué hubiese sido de él si Pizarro lo hubiese encontrado. Tal vez ahora no existiría, como tantos otros lugares e historias que han sido y son destruidos en aras de una civilización supuestamente mayor o simplemente en la construcción de una gran avenida o centro comercial.

A esos lugares les aguarda otro destino y algo les separa de su presente para poder viajar al futuro, como Angkor, como Ajanta, como Xian, como Pompeia…se paralizan en el tiempo y se revelan a su debido tiempo. Con las momias ocurre un poco eso. Nacen para parar el tiempo, para vivir escondidas perpetuamente y mantenerse imperturbables viajando al futuro eternamente. Un salto entre las épocas: del presente al futuro y del presente al pasado. La conexión entre dos mundos, entre dos épocas a través de un ser humano que se encuentra entre la muerte y la vida eterna.

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Cuando los españoles llegaron a la isla de Luzón en el S. XVI y conocieron a la tribu Ibaloi y la momificación de sus muertos, no les hizo ni pizca de gracia. ¿Para qué hacen eso? ¡Bárbaros, primitivos! – pensaron – ¡Si Cristo levantara la cabeza! Y su intervención “divina” hizo una vez más que un rito ancestral desapareciera. No hay momias posteriores a su llegada. Y es que no hay lugar para nada más que lo suyo en algunas religiones.

Así que los Ibaloi “acristianados” finalizaron la tradición de momificación y dejaron tranquilos a ritos y ancestros en las cuevas de Kabayan, ocultos durante cerca de 400 años, como ellos/as quisieron, viajando en el tiempo. Realmente sus generaciones posteriores siempre supieron de su existencia, pero las dejaron descansar en paz en sus nichos naturales y se convirtieron en protectores de la tribu y lugares sagrados.

400 años después, a principios del S. XX, al comenzar la industria maderera con la tala masiva de árboles en las montañas de alrededor de Kabayan, fueron “redescu-abiertas” algunas de estas cavernas y saltaron a la antropológica fama.

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Kabayan (57)Poco después comenzaría el saqueo y expolio de algunas de las cuevas y con ello para los/as Ibaloi, dicen, las sequías y las malas cosechas. Sacrilegio. Una de las momias, la del gran líder Apo Annu, que había sido robada de las cuevas de Natubling por un cura desangelado allá por la segunda década del S.XX, formaba parte de un espectáculo de circo en Manila, supongo que al lado de la mujer barbuda o el hombre elefante. ¡Pasen y vean! Si ahora fuese el gran guerrero Apo el que levantara la cabeza… se la cortaba al resto, como “cazacabezas” que era.

La momia, cambió varias veces de manos hasta que en 1.984, le entró el sentido común a un coleccionista de antigüedades y fue donada al Museo Nacional, que con el mismo sentido común la devolvió a los Ibaloi. Hoy en día Apo Annu vuelve estar su cueva, donde le corresponde a él y a los suyos pero se cree que cerca de 80 más continúan expoliadas. Una viajó en el tiempo y en el espacio hasta Alemania, cosas que tiene Europa.

Ahora las cuevas conocidas y accesibles guardan sus momias bajo llave y candado. El el resto, unas 200 cuevas, seguirán ocultas y protegidas para la humanidad durante un tiempo más, puesto que los/as viejos/as Ibaloi no revelan sus ubicaciones por temor a que se vuelvan a profanar sus lugares sagrados. Hacen bien, quizás es un regalo para generaciones venideras.

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Con estas me fui yo para Kabayan, emulando “la nave del misterio” una vez más. Solo estaba a 80 km de Baguio, pero marchar entre las recortadas montañas suponía cerca de 4 horas de vaivenes en línea. Una vez allí sabía que me tocaba un más que considerable pateo: la cueva donde se encuentran las momias mejor conservadas, la Timbac Cave, se hallaba a cerca de 5 horas a pie entre las montañas, a 2.400 metros de altitud.

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Kabayan es una pequeña aldea de paso casi a ninguna parte más que a las momias. En ella solo hay antiguos Ibalois, un pequeño museo, un estupendo lodge y algunas “eateries” que viene a ser como un bar de comida fría en el que se sirven cuencos arroz pegado con algo para acompañar, presumiblemente carne en salsa o adobo. Pero el pueblo me pareció encantador, en pocos sitios he estado tan bien como allí.

En el mismo poblado se encuentra una cueva con centenares de restos óseos humanos de los arcaicos Ibaloi. Pare ser que no se momificaba a todos los/as muertos/as de la tribu y tal vez ese privilegio solo era para los miembros importantes. El resto se dejaban en féretros ovalados de madera en las diferentes cuevas, al estilo de aquellas de Sagada. Ahora muchos de los huesos recopilados se apilan en ella.

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Necesitaba un guía para llegar, era imposible ir a aquel quinto pino sin alguien que pilotara mis pasos tanto tiempo o acabaría perdida, además de que también necesitaba las llaves de la cueva. Así que después de hablar con un australiano para abaratar costes (el único forastero de la aldea aparte de mí) pactamos con Román, el peluquero del pueblo, el “trip” hacia la Timbac Cave y de paso, hacia la Burial Rock.

Sabiendo que aquí solo hay 12 horas de luz al día y que llueve básicamente a diario, la aventura de los 15 km de ida y vuelta arriba y abajo y el agotamiento estaba más que asegurados.

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En la Burial Rock, a mitad de camino, solo se podía ver tres aberturas en la roca donde se encuentran los féretros de 11 momias. Pero en la Timbac…. en esa se encontraban más de 30 momias repartidas en dos pequeñas cuevas, las mejor conservadas de todas las que se conocen. Y podías entrar y ponerte a abrir féretros libremente para ver quién y cómo andaban por ahí. Oh my God! Like, Indiana Jones or like National Geographic… ¡pero qué me estaban contando! Impepinablemente el pateo merecía la pena. No sé en cuantos lugares puedes hacer eso, creo que en pocos, ni cuánto tiempo se permitirá la “manipulación controlada de féretros”, así que era una ocasión única.

Marchamos lloviendo entre las interminables nubes y el paisaje hasta llegar le daba un halo de misterio al asunto de las momias. Ríos, puentes, laderas, montañas, setas, arañas… Llovió cerca de 3 horas seguidas mientras trepábamos hasta el mismísimo techo del firmamento.

A las 4 horas y media, llegamos chopados a nuestro destino, la Timbac Cave. Román fue a buscar las llaves para abrir las verjas de las cuevas. Antes de entrar, una botella de ginebra aguardaba en la entrada para ser derramada como señal de ofrenda y respeto a los muertos. Así se hizo.

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En un minúsculo habitáculo a orillas del cielo, donde ni siquiera podías erguirte o dar un paso a cada lado, apilados entre las rocas se encontraban los féretros. Allí yacían todas aquellas personas convertidas ahora en momias, escondidas del mundo de los vivos durante más de 500 años, algunas se cree incluso que 2.000. Abríamos los féretros y veíamos sus cuerpos embalsamados acurrucados diciéndonos: ¡dejadme descansar en paz! Sino decid vosotros/as… Verdaderamente increíble lo que se puede llegar a trasmitir después de muerto.

La segunda de las cuevas era muy similar, ínfima y abigarrada. Los Ibaloi van tatuados brazos y piernas, como los Igorot. Aún he podido ver algún/a anciano/a tatuado/a en alguna aldea de las montañas de Cordillera. Algunas de las momias estaban tan bien conservadas que podías ver esos mismos tatuajes. Otras tenían ojos, dientes o larga melena.

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Las momias contaban muchas historias, te trasladaban del presente al pasado. La de una madre con la tripa abierta, muerta al poco o antes de dar a luz, la de niño de 4 o 5 años en un pequeño ataúd, la de guerreros tatuados de arriba abajo sentados en grupo… Les miraba consciente de que habían sido personas con una historia única y me imaginaba cómo llegaron hasta allí.

El embalsamamiento se iniciaba, si podía ser, poco antes de morir. Se les hacía ingerir una serie de bebidas saladas para iniciar la transformación. Una vez la persona había fallecido, su cuerpo se lavaba y se colocaba en posición fetal, tal cual habían nacido. Se dejaban delante de una hoguera con la boca abierta para que el humo penetrase en el cuerpo y fuese secándolo, ahumándolo poco a poco por sus orificios. A la vez, se embadurnaba la piel con un ungüento especial hecho a base de hierbas en un proceso que podía durar se cree hasta seis meses. Una vez momificado, el cuerpo se vestía con la ropa tradicional Ibaloi y era trasladado a la cueva donde se procedía al ritual funerario de despedida.

Me hubiese quedado allí horas sacando y metiendo momias, estorbando su plácido viaje en el tiempo, pero había que retornar. Cerramos bien las cajas para que no entrase cualquier animal y volvimos hacia la aldea derrapando entre el fango 4 horas más, lloviendo en su mayor parte. Pasamos por la Burial Rocky y caía tanto que su enigmática vista se desmerecía.

Llegué a Kabayan casi al atardecer más que exhausta y empapada. Mis botas encharcadas pensaban un quintal y se me hicieron repesadas. A mis pies, de estar todo el día remojados en agua, les salieron ampollas. Mis huesos durmieron calados, pero sin duda el camino emprendido mereció la pena. Además aprendí que para secar zapatos anegados se atiborra el interior de papel de periódico y al día siguiente, magia, despiertan secos.

A veces especulamos sobre lo diferentes que eran otras culturas u otros tiempos y quizá no lo eran tanto. Pienso en las vidas de todas aquellas personas convertidas ahora en momias. No sé exactamente lo que les llevaría a querer preservar sus cuerpos después de la muerte, son tradiciones que se repiten una y otra vez, pero sé que 2.000 años después, tampoco queremos desaparecer o morir del todo, queremos seguir siendo eternos.

Hoy en día la gente se crioniza o se congela esperando que su cuerpo viaje en el tiempo, análogo a ellos. Igual a Lenin, Ho Chi Min o Walt Disney les depara el mismo futuro que al gran líder Apo Annu y son llevados una nueva forma de circo, si es que no lo están ya. Quizá son las momias del futuro. El resto de mortales, mientras tanto, yaceremos, cómo no, en la cueva de al lado solo con nuestros huesos, hasta que desaparezcan.

Las momias de Kabayan han sido declaradas como uno de los 100 sitios del mundo con mayor riesgo por Monument Watch, organización sin fines lucrativos dedicada a la conservación de monumentos y lugares importantes. También han sido declaradas como lugar en peligro de extinción por la UNESCO. Quisieron viajar en el tiempo eternamente. Ojalá lo consigan, si es que existe tal eternidad. Mientras tanto, persistan por los siglos de los siglos.

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