La expedición de Magallanes, Lapulapu y la primera vuelta al mundo

Cebu (28)

Siempre me ha gustado conocer las historietas de expediciones pasadas, como los ancestrales viajes de Plinio “el viejo”, las crónicas de Herodoto, o las más recientes como expedición del “Endurance” que me pirra, o la conquista de la Antártida entre el capitán Scott y Amundsen… simplemente me atrapan, como si en otra vida yo hubiese estado en alguna de ellas.

Llegué a las islas Bisayas en Filipinas, a la Isla de Mactan en Cebú, y aquí había otra gran historia que contar, la de la primera vuelta al mundo, no la de Willy Foc sino la real. La de Magallanes y El Cano unidos en su destino por el indígena Lapulapu. He aquí una gran historia con al menos tres finales felices, uno para cada uno, como podréis comprobar si continuáis con la ardua aventura de esta lectura, cual deseo concedido.

Cebu (63)

Una las expediciones que merecen un hueco en la historia de la humanidad, fue sin duda la expedición de Magallanes hacia las Indias por el paso del Sur, que terminó con la primera vuelta al mundo y con la misma vida de Magallanes, como otros tantos/as exploradores/as que perecieron en sus búsquedas. He ahí la razón de que el reconocimiento de la primera vuelta al mundo sea compartido para Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano, ya que este último capitaneó la expedición de vuelta tras la muerte Magallanes en la Isla de Mactan y otro cúmulo de circunstancias. Pero esto os lo contaré más tarde, a su debido tiempo, que la historia tiene su aquel.

Cebu (48)

Fernando Magallanes

Su objetivo no era dar la vuelta al mundo, era encontrar una nueva ruta para llegar a las Indias, como lo hiciera sin éxito Cristóbal Colón. Tenía fe en que la tierra era redonda, como la tenía Colón, o Hipatia en el S. IV d.C. o Ptolomeo antes de ella… pero el viaje era extremadamente complicado y a pelo ya que aún no existían cartas de navegación del planeta.

Lo primero era financiar su expedición, la pasta. Como portugués que era y que trabajó 9 años para el ejército portugués en India, expuso sus planes al Rey de Portugal, que le enviaría a freír espárragos tal y como anteriormente enviara al mismísimo Colón. Ante la negativa, siguió intuitivamente los pasos de Colón y marchó a hablar con el Rey de España Carlos I, que quizá era un poco más visionario, maniroto o qué sé yo, y aceptó siguiendo la línea de sus abuelos con Colón. Familias.

Con esto comenzó a fraguarse la expedición, que partió desde Sevilla el 10 de agosto de 1519 con 5 barcos y 234 hombres y que retornaría más 3 años después, el 8 de septiembre de 1522, con solamente un barco hecho una coca y 18 supervivientes espectrales.

Y aquí va la historia y los intríngulis de la dura proeza. Por suerte, el cronista del viaje, el italiano Antonio de Pigafetta, fue uno de los 18 supervivientes que dejó testimonio de lo ocurrido. Es una historia larga, son más de tres años de andadura, pero recordad, lo mejor es el final, así que no decaigáis en la hazaña de la lectura. Comienza la aventura:

Cebu (50)

Antonio de Pigafetta

Cabo Verde, Sierra Leona… la flota navegó a través del Atlántico destino a América. Pero a principios de octubre, dos meses después de zarpar, el tiempo empeoró y temporales, borrascas y corrientes les hicieron navegar sin rumbo fijo. Durante la tormenta vieron el fuego de San Telmo, un fenómeno atmosférico eléctrico que les dejaría turbados. Tanto fue que después de verlo dos horas deslumbrante posado sobre del palo mayor, comenzaron a caminar cegados por cubierta pidiendo clemencia divina. Pero no aguardaban aún sus últimas horas, la tormenta cesaría y con ella emprender el destino.

Tardaron 4 meses en llegar a la costa de América, a lo que hoy es Río de Janeiro y, después de perder cerca de un mes de travesía confundiendo la entrada a los mares del Sur con el Rio de la Plata (el más ancho del mundo) decepcionados, marcharon hacia la Patagonia en busca de otro paso.

A los 7 meses de viaje, a sólo unos días de llegar a la gélida Antártida, llegó el invierno y con ella más problemas: las provisiones menguaban, los hombres tenían frío, hambre y los días se hacían más cortos… Magallanes tomo la decisión de reducir las raciones de comida y se lió parda: motín asegurado. El segundo de a bordo Juan de Cartagena y los capitanes Antonio de Coca, Gaspar Quesada y Luis de Mendoza se sublevaron por considerar que la expedición había fracasado al no haber encontrado el tan ansiado paso al Pacífico y le exigieron el retorno a España. Pero Magallanes, convencido de la existencia del paso al Pacífico, reprimió la insurrección cargándose a los capitanes Mendoza y Quesada. Final del asunto. Curiosamente entre los amotinados estaría Juan Sebastián Elcano, quién más tarde cosecharía todos los honores al completar la hazaña iniciada por Magallanes.

El cúmulo de circunstancias quiso que la nave de Santiago naufragara poco después, en mayo de 1520, hecha trizas contra las rocas de la desembocadura del río Santa Cruz en Argentina y que la nave de San Antonio desertara de la expedición y retornara hacia España.

Solo quedaban 3 de las naves para continuar con la expedición y durante meses continuaron por las aguas del Sur rastreando el paso del estrecho que une los dos océanos, que hoy conocemos como “estrecho de Magallanes”. Para encontrarlo, un pateo: una de las naves se adentraba rastreando el camino por el galimatías de islotes e islas y volvía sobre sus pasos para guiar al resto. Pero tenaces, el 21 de noviembre de 1520, quince meses después de su partida, la expedición encontró aquel anhelado paso al Mar del Sur que, por lo sereno y tranquilo recibió el nombre de Pacífico.

Ruta de la primera vuelta al mundo de Magallanes - Elcano

Ruta de la primera vuelta al mundo de Magallanes – Elcano

La alegría del triunfo duraría poco puesto que en los 3 meses siguientes, que fue lo que tardaron en cruzar la inmensidad del Pacífico, no pisaron tierra firme. El agua se pudrió y hambre y escorbuto desalentarían a la tripulación que se vería obligada a comer las ratas, el cuero de los mástiles o el serrín del barco. Diezmada la tripulación, el 6 de marzo de 1521 llegaron por fin a las Islas Marianas, a la otra parte del globo y con ellas, agua y comida.

De ahí pasaron a Filipinas, donde tendrá lugar la segunda parte de nuestra historia. Ánimo que ya va el desenlace. Magallanes ya había conseguido encontrar el paso del Sur y estaban cerca de las Islas de las Especias, donde podrían cargar sus barcos y volver a España con mercancía suficiente para sufragar la expedición y obtener el reconocimiento merecido. Lo tenía todo, pero resultó que Magallanes era católico, su fe quizá le cegó y emprendió su errada cruzada.

Cebu (49)

Raja de Humabon

En la Isla de Cebú conoció al Raja de Humabon que, impresionado por la artillería española, se dejo bautizar y se pasó al catolicismo en un plis-plas. Ipso facto. Allí mismo Magallanes plantó una cruz de madera como símbolo de su intención de convertir a todo bicho viviente en católico. Esa sería su cruz. Una réplica de aquel palitroque original continúa aún hoy en el centro de la ciudad, como símbolo de la conversión al catolicismo de la isla, en espera a una restauración después del intenso terremoto del año pasado.

Cebu (13)

Cebu (30)

Cebu (25)

Aliados de fe ahora, el Rajá le sugirió ir a la isla cercana de Mactán para castigar al jefe Lapulapu, al que se la tenía jurada desde hace tiempo, dándole una lección. Magallanes, pensando en asegurar la alianza con el jefe indígena, se propuso derrotar a su enemigo Lapulapu. Nadie le había dicho que mejor no meterse en batallas ajenas, así que, iluso, envió recado a Lapulapu para cesará sus ataques al Rajá, se bautizase y convirtiese al catolicismo. La respuesta, un resoplido.

Cebu (52)

El del 27 de abril de 1521, Magallanes y 48 de sus hombres se dispusieron a marchar a la playa de Mactán para luchar contra Lapulapu y sus 1.500 guerreros del terreno. Él creyó que no le hacían falta más hombres y los dejó esperando en los barcos. Sería fácil, les dejaría impresionado con sus modernas balas de hierro, “piñau, piñau” y hecho. Primer error: minusvalorar al contrario.

Lapulapu

Lapulapu

Como la marea estaba baja y la zona abarrotada de coral, tuvieron que atracar los barcos lejos de la costa y caminar un kilómetro por agua, lo cual les extenuó y a la vez impediría que los cañones pudiesen disparar a tan larga distancia. Segundo error: planear mal la batalla.

Ya en la playa, los españoles empezaban a quedarse sin municiones y los de Lapulapu avanzaban. Ellos se pisparon que Magallanes era el que dirigía el cotarro, así que ¡zas! lo lancearon y se sobre él se abalanzaron. Tercer error: no proteger al cabecilla.

Seco, allí se quedó en la orilla, no salió con vida y sus hombres se retiraron. Hoy Lapulapu es venerado como héroe de la independencia de Filipinas y triunfo de los indígenas.

Cebu (47)

A su sucesor en la expedición, Duarte de Barbosa, le duró muy poco el asunto. Parece ser que el tal Duarte machacaba al traductor indígena Enrique de Malacca, rollo bulling o algo así, y lo amenazaba con enviarlo a Portugal como esclavo de la viuda de Magallanes, vete tú a saber porqué. Enrique, hasta la peineta de Duarte, decidió conspirar contra los españoles utilizando el mismo Rajá, que debía ser un figura. Sí, aquel que se había bautizado y les había enviado a intimidar a Lapulapu en señal de buena fé. Dos días más tarde el Rajá les ofrecería un banquete para sellar la amistad y envenenaría a Duarte y a otros 30 comensales españoles. Pobrecitos, muertos de una sentada, con el hambre que habían pasado.

Enrique de Malacca

Enrique de Malacca

En la costa de la isla de Bohol, enfrente de Cebú, lugar exacto donde estoy ahora, los españoles abandonaron y quemaron la nave de la Concepción por falta de tripulación suficiente para poder hacerla navegar. Requemados debían estar ellos también de los indígenas. Les habían dado por todos lados.

Ya sólo quedaban las 2 naves: Trinidad y Victoria. El sucesor del sucesor fue Gonzalo Gómez de Espinosa, que se puso al mando de Trinidad y colocó al frente de la nao Victoria a Juan Sebastián Elcano. Definitivamente había que pirarse. Marcharon a Molucas, cargaron de especias hasta los topes y decidieron emprender el ansiado retorno. La nave Victoria se preparó para su vuelta a España, que quizá es lo que Elcano siempre quiso, y quizá por eso mismo era el más indicado.

La Trinidad navegaba mal, estaba hecha un cristo y se quedó en las Molucas para ser reparada y volver sobre sus pasos por el Pacífico hasta Panamá junto con Gomez de Espinosa. Pero en el in-pass los portugueses abordaron el barco y se embarcaron en otra aventura. Piratas. Tan solo 5 de los 20 marineros sobrevivieron. Así que aquellos marineros supervivientes de La Trinidad, ahora ya sin tripulación ni navío, emprenderían su largo retorno a España durante cuatro años, finalizando la expedición con vida. Llegarían entre 1525 a 1526 completando la hazaña de la primera vuelta al mundo junto con aquellos 18 hombres supervivientes en la Victoria. Menuda historia la de estos cinco si pudiese ser oída.

Elcano al mando de la Victoria, atravesó el Índico dando la vuelta a África, extremando el cuidado en los puertos africanos controlados por portugueses, y regresó a la costa española 14 meses después de muerte de Magallanes, más de 3 años después de su partida de España. Él también moriría 4 años más tarde en otra expedición, de escorbuto, en la misma nao Victoria que le hizo célebre cuando participaba en otra expedición de retorno a las Islas Molucas.

Aquí en las Bisayas la historia es archiconocida por filipinos y filipinas, que con orgullo dicen que “sienten haberse cargado a Magallanes”, aunque su sonrisa les delata. Yo les digo que no lo siento, que en cierta manera él se lo buscó y “la tierra es para el que la trabaja”. Tiene guasa, porque 500 años después del asunto ahora son requetecatólicos y compartieron sangre y linaje 400 años con España, casi nada.

Me gusta esta historia, esta intrépida aventura de tantos, porque tiene un poco de todo salpicado de emociones, porque va y viene y por el camino se entretiene y porque finalmente y lo más importante, a los tres protagonistas se les conceden sus deseos. Cada uno a su manera: Magallanes encuentra su paso a los mares del Sur, Lapulapu y su pueblo indígena no permiten la invasión y Elcano consigue regresar por fin hacia España. Tres deseos para tres finales felices en una misma historia. Y es que en ella, parece ser que de alguna manera, por fin ganan los buenos, aunque fuese por un periodo de tiempo. No le puedo pedir más.

Cebu (9)

Anuncios

¿Quieres dejarme un comentario? ¡Gracias!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s