¿Qué harías tú en una isla desierta?

Koh Chang (2)

Hay lugares en las que viajas sola y otras en las que alguien acude a tu encuentro y te acompaña un tramo del camino. Esta vez tocaba compartir destino, espacio y tiempo, así que a la misma hora aterrizamos en Bangkok. Magali y yo nos fundimos en un abrazo después del último en Patraix meses atrás. Desde allí emprendimos nuestro peregrinaje a la pesca de cuál sería la isla más desierta de Tailandia. Mapa en mano y después de un furtivo chivatazo, proseguimos nuestro camino a Ranong, frontera con Myanmar, para llegar a la pequeña isla de Ko Chang, la llamada isla elefante.

Una noche en autobús para llegar en la que estuvimos a punto de quedarnos en tierra a mitad del trayecto. Nota: cuando alguien no te entiende, siempre te dirá que sí, da igual lo que le preguntes… cambio de andén, cambio de bus, cambio de lugagge y nosotras sin saberlo.

Koh Chang (5)

Llegamos a Ranong al alba y aún tuvimos que esperar tres horas y media para embarcar en el primer bote de la mañana. Dos tés después zarpamos hacia nuestra isla elegida. En el trayecto, uno de los marineros nos preguntó donde parábamos. Nosotras extrañadas le dijimos que en el “pier”  o puerto. Él nos respondió con la misma cara de sorpresa que en la isla no había punto de amarre ni muelle, que nos dejaría en una de las playas y allí buscásemos donde dormir. Azarosamente, bajamos en la segunda playa. El bote se posó en la orilla, nos arremangamos y  descalzas (como sería costumbre aquí) saltamos al agua y dejamos nuestras mochilas en la arena, como quien asalta tierras ajenas.

Encontramos una cabaña hecha a nuestra medida: hamaca, gran cama y mosquitera, electricidad generada con placas solares y poblada por lugareños tales como araña de pelo largo que vivía en el baño, la araña de pelo corto o africana que se alojaba en el porche junto a Mr Crab y la lagartija de rabo corto, la gran anfitriona, que se hospedaba cada noche en nuestra propia cama. Decidimos respetar la fauna autóctona por tener más derecho de pernocta y dejar a cada uno en su hogar, al fin y al cabo ellos/as llegaron primero y ahí seguirían cuando nosotras cambiásemos el rumbo e izásemos vela.

Koh Chang (1)

No tardamos mucho en darnos cuenta que la isla estaba prácticamente desierta. Una pequeña senda conectaba los diferentes hospedajes en los 5 x 3 km de isla. Tras observaciones empíricas en nuestro diario de campo, calculamos que no habría más de 100 tailandeses/as. Sin embargo, tocábamos a 5 hamacas por habitante y si la población de cangrejos decidía indignarse y alzarse en pinzas estaríamos perdidas.

Koh Chang (4)

Descubrimos el encantamiento de escuchar la orilla del mar en sueños junto a los sonidos de la selva, gekos, chicharras, pájaros con hipo… La marea acercaba las olas a nuestros ensueños. Ellas por las noches entraban a rugirnos por la ventana y susurraban, acunaban, despertaban, alertaban nuestros sentidos.

Koh Chang (3)

Cuando evidenciamos que todo lo que nos podía ofrecer la isla era la mismísima inactividad en total plenitud, concluimos que haría falta esa nada para crear espacios donde poder dar rienda suelta a nuestra imaginación y creatividad. Nos preguntamos literalmente qué haríamos en una isla desierta y nos contestamos con la acción. Una ronda de reconocimiento nos bastó para divisar los diminutos y enormes tesoros que la playa nos tenía deparadas.

La naturaleza es quizá la artista más antigua del planeta Tierra y la playa un lienzo donde todo cabe. La arena dibuja colores y texturas, volúmenes y formas, evocadoras y sugerentes para quien sepa encontrarlas. El sol muda la arena y el mar, y las transforma en el transcurso del día. El viento las balancea y multiplica las escenas de inspiración.

Los cangrejos siempre han sido grandes pequeños escultores. Diariamente al paso de la marea, construyen su morada nocturna subterránea, extrayendo minúsculas bolas de arena a la superficie, dando lugar,  inconscientemente o no, a sus grandes dibujos, como si de las líneas de Nazca se tratase.

Nos “enjugazamos” a encontrar escenas escondidas y aquí os las dejamos.

A-isladas, describrimos el is-land art, acuñando nuevos términos con los que nombrar el divertimento ocurrido entre nuestras manos, arena e imaginación. Miles de palmos de orillas con los que tramar nuestro repertorio.

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Poesía submarina, poemarios flotantes, topoesía, geolografías… todas en el filo de lo consciente y subconsciente. De ellas brotaron unos versos libres que aquí os dejamos.

 Y asi marinera me soñe

Nada. Nada nos llevaríamos a una isla desierta por que quizá nada hace falta cuando todo lo importante lo llevas dentro de ti. Esta es nuestra máxima con la que continuamos nuestro camino.

Koh Chang (6)

Caminar es

Pies (4)

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3 Respuestas a “¿Qué harías tú en una isla desierta?

  1. Habeis transformado en un plis plas las ideas de conquista del espacio artístico y sonoro con vuestras palabras, con vuestro encuentro y talento infinito.
    Desde el desierto de Almería os saluda un viajante interior de sonrisa amable y sincera. Estoy en un lugar que me recuerda al mundo árabe: por sus calles y rincones sorprendentes , y por su misterio permanente.
    Y también por las montañas de alrededor caminé hoy con la imaginación de ese mundo tan femenino, y la luna que las acompañaba me trasladaron al mapa de todas ellas; y lo femenino y lo masculino se dieron la mano, con vuestro sabio y sensato recuerdo.
    Bien es cierto que os llamé hace tan solo unos minutos, con la mente, y aquí estais.¿Sabeis que en sueños os agito la hamacas del inconsciente?¡A ver si os caeis y la jodemos!Lo importante es aclararse, claro que sí.
    Sabed amigas mías, que según los escritos antiguos en manos de la firma de Al-Falquivira Bashmati “La poesía es la mayor de las dudas sobre el papel de arena, porque todo lo escrito que salga del corazón el mar pronto lo borrará para siempre. Y claro está que si vuestros poemas fluyen en la orilla la mar no se quejará cuando llegue la noche, aquella amarga y repleta de sal.
    Buenas y felices noches-diurnas a todas.

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