Pushkar y las bodas hindúes

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Llegué a Pushkar y sin saber muy bien por qué me apalanqué allí más de medio mes alrededor de su lago y sus gentes. Con un afamado pasado hippie en la década de os 70, Puskhar es conocido ahora por los/as hindúes por su lago sagrado y por los/as forasteros/as como lugar de fabricación y exportación de ropa.

Eso hace que entre su fauna autóctona se cuente con ancestrales hippies de pelo canoso venidos a menos, nuevos hippies que rememoran tiempos mejores y se buscan la vida con la artesanía, “gyspy people” que baila y pide en sus calles e indios y vaqueros dedicados a la exportación de lo que sea. Ea!

Quizá llevaba mucho tiempo sin parar y aquí me sentí como en casa. Cierto es que este pequeño pueblo acoge muy bien a todos/as sus visitantes, de hecho indios y vaqueros forman ya una parte importante y necesaria en la vida y economía del lugar.

Parar un tiempo en cualquier lugar te permite conocer sus gentes y costumbres de otra manera: los vecinos empiezan a saludarte diariamente, te enteras de las historietas del lugar, vives sus dinámicas, conoces más gente, tienes tu lugar de encuentro, aprendes mejor su lengua, observas y te mueves como pez en el agua…

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Ram, ram! My friend, one chai! Todas las mañanas me sentaba a charlar y tomarme un chai en el Baba, un personaje y lugar clave donde acudían escalonadamente tropecientos forasteros de todo el mundo con las mismas intenciones que yo.

Idas y venidas. La jauría que allí nos movíamos era espectacular. “All is posible”, con esto no digo más. Sin duda buena vida, la mejor. Las noches terminaban horas después en el mismo lugar y con la misma gente, esta vez a  la lumbre de una hoguera ahumada por Baba y acompañados entre otros de un ginger lemon. Yes, my sister! Thank you, my sister! Y es que dudo que no haya guiri que no pase por el bar del Baba.

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Esta apacible dinámica de la población se veía interrumpida diariamente por una boda cualquiera. Básicamente todos los días se veía una boda por sus calles. Así de loco. Por las mañana oías a la banda pasar con su “carreta musical” en procesión. Las mujeres marchaban con sus mejores galas, ofrendas y con una especie de jarra en la cabeza. Por la tarde, veías los faroles subir calle arriba y ya sabías que pronto venía en cabalgata el novio a lomos de un caballo blanco mientras los hombres bailaban a rabiar. Vería cerca de una decena de estas bodas.

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Las bodas hindúes no son por amor tal y como nosotros lo entendemos, puede ser que incluso apenas se conozcan. Y aquí se casa hasta la Charito. Bien jóvenes, misma casta y misma religión. No hay mucho margen. No solo se trata de una unión de un hombre y una mujer, sino de sus familias, que cobran aquí un papel decisivo literalmente: ellas son las que vienen a decidir. Las familias de ellas son las que pagan la dote a la familia del marido, por “mantenerlas” el resto de sus vidas, así que tener hijas, o criadas según se mire, es sin duda un agujero en la economía familiar que trae en muchas ocasiones demasiados problemas.

En el Rajastán el novio viste un achkan de color de oro (una camisa larga) con un turbante amarillo y un churidar o jodhpurs (unos pantalones estrechos tipo pitillo) con jootis (zapatos de punta). La novia viste un sari rojo con bordados dorados y no enseñará su cara durante toda la ceremonia.

Explicaciones aparte, los rituales de las bodas son muy interesantes:

El proceso de la boda normalmente se extiende durante días, en os que se van realizando pequeños pasos. El día de la boda, los familiares del novio llevan en procesión las ofrendas o “palla dastoor” a la casa de la novia. Esta consiste en ropa, joyas y regalos que la novia tiene que llevar durante la boda. La novia aguarda en casa a que vengan todas las personas invitadas.

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La boda tendrá lugar más tarde en la casa de la novia. El novio acudirá en desfile o “baraat” a lomos de un precioso caballo banco y blandiendo una espada, acompañado  de una gran masa de gente animada.

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Luces, baile y música sin parar con las farolas y la carreta musical. Un generador eléctrico con ruedas conecta todas las farolas con empalmes al más puro indian style, cierra la cabalgata y el asunto callejero.

Poco después de la media noche, tiene lugar la verdadera boda religiosa a la que sólo asisten los más cercanos. Durante más de dos horas de rituales y de dar siete vueltas al fuego, los novios están oficialmente casados y el novio le pone una cadena a la novia en señal de protección. Menuda “protección” la cadena. Aceptamos pulpo como animal de compañía.

Y fin del asunto: ahora ya están encadenados sin amor para el resto de sus vidas. Doble cadena que para unas es generalmente peor que para otros. Algunos/as puede que sean felices, otros/as no… vete a saber qué es para cada uno la felicidad, a más de uno/a nos sorprendería. Así que después de tantas bodas vistas u oídas por las calles de la India, no puedo más que decirles “Good lucky my friends!” con la mejor de mis sonrisas.

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Una respuesta a “Pushkar y las bodas hindúes

  1. La música en el vídeo que muestras es un delirio del organista, los otros instrumentos(especialmente los bombardinos)se quedan anulados y aparecen como elementos decorativos en el pasacalles. ¡Muy curioso!

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