Viaje al centro de la Tierra: Varanasi y el Ganges, muerte y vida eterna

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Varanasi, la ciudad hindú considerada el centro de la Tierra, con el río más sagrado de la India, el Ganges, el más largo del país que nace en el Himalaya y tiene la cuenca fluvial la más poblada del mundo: 400 millones de habitantes viven a su alrededor con lo que supone. La primera vez que supe de su existencia fue de pequeña, viendo “La vuelta al mundo en 80 días de Willy Fog”, en el capítulo que aparece Romy por primera vez, aún lo recuerdo perfectamente. Quién me diría entonces que años más tarde yo vendría a conocerla.

Aquí cada baño en el río sirve para expiar un pecado, purifica. Aquí cuando una persona hindú muere, se depositan las cenizas en el Ganges para evitar el ciclo de reencarnaciones y alcanzar la vida eterna, al liberase  de cualquier acto impuro cometido en vida. Así que, be water my friend!

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Todo tiene su aquel. Cuenta la mitología que hubo un rey en la India llamado Sagara que tuvo la escandalosa cifra de 60.000 hijos. Un día, mientras el rey realizaba un ritual a su Dios con un hermoso caballo, el Dios Indra (dios de dioses) tuvo celos de él y se lo robó.

Sagar envió a sus 60.000 hijos a buscar al animal alrededor de la Tierra que finalmente lo encontraron en el inframundo al lado de un sabio penitente. No sabiendo que había sido Indra y creyendo que el sabio había sido el autor material del robo, los 60.000 hijos indignados fueron a montarla ante él. Craso error. El sabio abrió los ojos, los miró y los hizo arder hasta la muerte. Caput. Pero esto no fue todo, ahora las almas de los 60.000 hijos vagarían eternamente en el inframundo puesto que su padre no había terminado el ritual con el caballo dichoso. Ya es mala suerte.

Visto el panorama, uno de los descendientes de Sagar, el rey Bhagīratha, tuvo una idea: le pidió al dios Brahma que permitiera a la diosa Ganga bajar del cielo y tocar con sus purificantes aguas las cenizas de los difuntos, que así podrían descansar por fin en paz, puesto que tiene que ser estresante vagar por el inframundo con 60.000 almas más de compañeras de camino.

Brahma aceptó pero Ganga temía su caída contra la Tierra, así que para amortiguarla, eligió caer sobre la mata de cabellos de la cabeza de Shivá que se encontraba por entonces en la zona del Himalaya y contaba con un buen melenón para la causa. Rápidamente Bhaguiratha guió al río Ganga a través de toda la India hasta el océano con su rapidísimo carro. Allí, en el borde del océano, Ganga entró en el inframundo y liberó a las almas infortunadas de los 60.000 hijos de Sagara. Fin de la historia. De aquellas aguas estos lodos.

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En Varanasi cada día miles de personas se bañan en el Ganges para expiar sus malas acciones, cosas del karma. Cada día, en los crematorios de ese mismo lugar, son quemados en pilas y arrojados al río cerca de 400 cadáveres. Estos son los más afortunados, puesto que para los y las que no pueden costearse una cremación, la solución es que su cadáver sea arrojado con una piedra al fondo sin más, que para la muerte también hay clases. De paso allí se lava la ropa y enseres personales, vacas, búfalas… se lanzan flores, ofrendas, velas, “all is posible, it`s holy water”. La gente se la lleva en garrafitas a casa como si fuese Agua del Carmen.

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Fuera de los tópicos y de los tabús sobre la muerte que son muchos, poder ver estos rituales te transporta a la India mística y espiritual. Pocas cosas hay mejores en la India que pasear por los gaths del Ganges a la luz del día observando sus baños, sus oraciones, sus maestros, sus cremaciones… todo allí es magia y ritual. Demasiada energía junta para no serlo. Dicen que si no has ido a Varanasi no has estado en la India. No tengo la menor duda.

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Te cuentan que todo hindú puede ser quemado en la India, excepto 6 casos en los que no se queman sino que se atan a una piedra y se tiran al río: los babas o maestros hindúes y los menores de 10 años (ambos son libres de pecado), las embarazadas (puesto que no pueden quemarse dos almas a la vez), los muertos por lepra o varicela (por riesgo de contagio) y los muertos por picadura de serpiente (se consideran almas vivas aún). Estos o van directos al cielo u obligatorio reencarnarse, que se ve que es un rollo.

Si se pueden quemar, la familia construye una camilla con bambú para el cuerpo y lo lleva a hombros al Ganges para lavarlo. Las mujeres familiares no pueden asistir al ritual puesto que, según ellos dicen, hay riesgo a que lloren y esto dificultaría enormemente el viaje al la vida eterna del/a fallecido/a. Toma ya.

Una vez lavado, lo envuelven totalmente con telas doradas y esperan en la orilla su turno. Cuando les llega, depositan el cuerpo en la pila de leña y brasas, lo cubren de más leña mientras tiran incienso sobre el fuego del que dicen se mantiene encendido desde hace más de 3.000 años.

En ese momento el pariente más cercano al muerto será rapad al cero, dejando un pequeño mechón en la parte posterior de la cabeza a la altura de la coronilla más o menos, en señal de duelo. El pelo será quemado en un templo en honor a Shiva.

Cuando el cuerpo está casi consumido y sólo queda el pecho o las caderas, se tira al río. Entonces se toma un poco de agua en una vasija de barro y se le echa para separar el cuerpo del alma y que ésta pueda viajar en paz.

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No se vive como un momento triste, solo acompañan a su ser querido y le facilitan su transición a la vida eterna. Todos observamos el ritual, en silencio, en paz, rodeados del humo, del olor especial de la madera, el incienso, el cuerpo, las flores, de miles de kilos de torres de troncos de madera, sándalo, vacas, perros, cabras… todo vale porque solo importa el que marcha. Me resultó cercano aunque parezca extraño. Me acordé de Jorge Manrique y las” Coplas a la muerte de su padre”. En honor a ellos/as y a sus caminos, que serán los nuestros, aquí van:

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.

Dejo las invocaciones

de los famosos poetas

y oradores;

no curo de sus ficciones,

que traen yerbas secretas

sus sabores;

A aquél sólo me encomiendo,

aquél sólo invoco yo

de verdad,

que en este mundo viviendo

el mundo no conoció

su deidad.

Este mundo es el camino

para el otro, que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.

Partimos cuando nacemos,

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos;

así que cuando morimos

descansamos.

Myshore (1)

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2 Respuestas a “Viaje al centro de la Tierra: Varanasi y el Ganges, muerte y vida eterna

  1. Queridísima amiga Belinda, nos encontramos en KHAJURAHO y compartimos juntos una bonita tertulia, mi hermano Julio, tu , tu amigo ” el conseguidor ” y yo. He leído ” Varanasi y el Ganges, muerte y vida eterna” me ha emocionado. Gracias por emocionarme

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